El presente blog se abre como un espacio de encuentro del SEMPERCOM, para socializar los documentos que los diferentes grupos de trabajo hayan preparado para la discusión sobre los posibles cambios a los programas de Taller de Comunicación. La meta es que todos seamos autores, para que no se quede una opinión sin ser considerada.
jueves, 27 de junio de 2013
miércoles, 5 de junio de 2013
lunes, 8 de abril de 2013
martes, 2 de abril de 2013
Para que sigan aquí sin ser consultados. Una entrada más.
martes, 2 de abril de 2013
Los 7 pecados capitales en la educación
Durante los días de vacaciones de Semana Santa encontré una noticia que llamó mi atención: Personajes de Bob Esponja se inspiraron en los siete pecados capitales. Busqué un poco por internet y descubrí que ya hace tiempo que corre por YouTube:
A partir de aquí empecé a reflexionar sobre el hecho de que educar es un proceso que nace, crece, se reproduce y muere, para volver a empezar el ciclo de manera continua y permanente, es decir, la educación se comporta como un ser vivo, más concretamente como un ser humano, pues en ella se reflejan las virtudes y los defectos de las personas.
Dicho de otra forma, cualquier proceso educativo corre el riesgo de caer en alguno de los 7 pecados capitales que señala la tradición cristiana.
De los 7 pecados que todos conocemos (pereza, gula, avaricia, envidia, ira, soberbia y lujuria), 6 de ellos tienen una incidencia directa en la educación y uno, la lujuria, no. Por ese motivo permitidme que cambie lujuria por desánimo.
Pereza. Puede afectar a cualquiera de los elementos que participan en los procesos educativos. La solemos relacionar con los alumnos, a los que casi siempre solemos ponerles la etiqueta (no siempre justa) de vagos. Pero mucho más grave es cuando este pecado afecta a los docentes y estos sienten desgana y desánimo en su quehacer diario. Ni qué decir tiene que este pecado también afecta a los legisladores educativos.
Gula. Afecta a un gran número de docentes, se identifica con la glotonería, con el consumo excesivo de conceptos y datos educativos. Estos docentes, de manera irracional, obligan a sus alumnos a convertirse en "obesos intelectuales", ofreciéndoles "grandes comilonas" en forma de lecciones magistrales con todos tipo de cifras, fechas, listas de nombres y efemérides.
Avaricia. Son los legisladores educativos los más afectados por este pecado capital. Pensar en sus intereses personales o de partido y no en el interés general de la ciudadanía es una de las formas más evidentes en las que se muestra este pecado. También algunos (pocos según creo) claustros que anteponen intereses económicos por delante de criterios pedagógicos.
Envidia. Este pecado afecta de manera directa al trabajo en equipo, indispensable para educar en centros educativos del nivel que sea. El mejor horario del compañero, las simpatías que despierta entre los alumnos, el éxito de sus métodos innovadores... pueden ser causa de celos que impiden colaborar y compartir, dos verbos imprescindibles en educación.
Ira. La agresividad, el deseo de venganza, la intolerancia, la discriminación, el resentimiento son los síntomas más evidentes de este pecado capital. No debe confundirse con la reivindicación legítima de derechos ni con la lucha por mejores condiciones de los centros educativos públicos.
Soberbia. Nos puede afectar a cualquiera sin darnos cuenta. A veces creemos que nuestra manera de hacer las cosas, nuestra forma de enseñar, nuestra manera de comportarnos es la única manera de hacer bien las cosas. Eso nos hace estar cerrados en nosotros mismos y no ser capaces de innovar y probar nuevas maneras de enseñar. (No dedicaré ni un segundo a comentar la soberbia de nuestros dirigentes educativos... no diría cosas demasiado elegantes y el silencio es más que significativo).
Desánimo. Es el pecado más grave para docentes y alumnos. Cuando la realidad educativa no se adapta a los intereses de la sociedad, cuando intentamos educar a personas del siglo XXI con modelos metodológicos del siglo XIX, el desánimo es el pecado más grande pues nos impide realizar nuestra tarea de educadores.
Para finalizar, me gustaría decir que todo pecado tiene como contrapartida una virtud. Estas son las 7 virtudes que deben dirigir los procesos educativos: diligencia, templanza, generosidad, solidaridad, paciencia, humildad y entusiamo.
A partir de aquí empecé a reflexionar sobre el hecho de que educar es un proceso que nace, crece, se reproduce y muere, para volver a empezar el ciclo de manera continua y permanente, es decir, la educación se comporta como un ser vivo, más concretamente como un ser humano, pues en ella se reflejan las virtudes y los defectos de las personas.
Dicho de otra forma, cualquier proceso educativo corre el riesgo de caer en alguno de los 7 pecados capitales que señala la tradición cristiana.
De los 7 pecados que todos conocemos (pereza, gula, avaricia, envidia, ira, soberbia y lujuria), 6 de ellos tienen una incidencia directa en la educación y uno, la lujuria, no. Por ese motivo permitidme que cambie lujuria por desánimo.
Pereza. Puede afectar a cualquiera de los elementos que participan en los procesos educativos. La solemos relacionar con los alumnos, a los que casi siempre solemos ponerles la etiqueta (no siempre justa) de vagos. Pero mucho más grave es cuando este pecado afecta a los docentes y estos sienten desgana y desánimo en su quehacer diario. Ni qué decir tiene que este pecado también afecta a los legisladores educativos.
Gula. Afecta a un gran número de docentes, se identifica con la glotonería, con el consumo excesivo de conceptos y datos educativos. Estos docentes, de manera irracional, obligan a sus alumnos a convertirse en "obesos intelectuales", ofreciéndoles "grandes comilonas" en forma de lecciones magistrales con todos tipo de cifras, fechas, listas de nombres y efemérides.
Avaricia. Son los legisladores educativos los más afectados por este pecado capital. Pensar en sus intereses personales o de partido y no en el interés general de la ciudadanía es una de las formas más evidentes en las que se muestra este pecado. También algunos (pocos según creo) claustros que anteponen intereses económicos por delante de criterios pedagógicos.
Envidia. Este pecado afecta de manera directa al trabajo en equipo, indispensable para educar en centros educativos del nivel que sea. El mejor horario del compañero, las simpatías que despierta entre los alumnos, el éxito de sus métodos innovadores... pueden ser causa de celos que impiden colaborar y compartir, dos verbos imprescindibles en educación.
Ira. La agresividad, el deseo de venganza, la intolerancia, la discriminación, el resentimiento son los síntomas más evidentes de este pecado capital. No debe confundirse con la reivindicación legítima de derechos ni con la lucha por mejores condiciones de los centros educativos públicos.
Soberbia. Nos puede afectar a cualquiera sin darnos cuenta. A veces creemos que nuestra manera de hacer las cosas, nuestra forma de enseñar, nuestra manera de comportarnos es la única manera de hacer bien las cosas. Eso nos hace estar cerrados en nosotros mismos y no ser capaces de innovar y probar nuevas maneras de enseñar. (No dedicaré ni un segundo a comentar la soberbia de nuestros dirigentes educativos... no diría cosas demasiado elegantes y el silencio es más que significativo).
Desánimo. Es el pecado más grave para docentes y alumnos. Cuando la realidad educativa no se adapta a los intereses de la sociedad, cuando intentamos educar a personas del siglo XXI con modelos metodológicos del siglo XIX, el desánimo es el pecado más grande pues nos impide realizar nuestra tarea de educadores.
Para finalizar, me gustaría decir que todo pecado tiene como contrapartida una virtud. Estas son las 7 virtudes que deben dirigir los procesos educativos: diligencia, templanza, generosidad, solidaridad, paciencia, humildad y entusiamo.
viernes, 15 de marzo de 2013
Reflexiones sobre la Educación en tiempos de crisis.
El blog de Salvaroj
Reflexiones sobre la Educación en tiempos de crisis.
jueves, 14 de marzo de 2013.
3 razones para amar la educación (con la que está cayendo)
¿Por qué decidí dedicarme a esto de la educación?
Me he
hecho tantas veces esta pregunta que no soy capaz de recordar todas las
respuestas que le he dado.
Lo que
tengo claro es que no lo hice en busca de éxito social ni profesional; salvo
honrosas excepciones esto de la educación solo da para sobrevivir y de prestigio social proporciona más bien
poco. Tampoco fue por seguir una moda, en mi época, si hubiera
querido estudiar lo que era más “chic” hubiera estudiado psicología, y si
hubiera querido ganar dinero hubiera estudiado ingeniería (o me hubiera
dedicado al mundo del ladrillo que por aquel entonces estaba muy bien pagado).
Fue una decisión vocacional (por suerte el ministro de Educación del gobierno
de España, el Sr. Wert, todavía no había dicho que no hay que estudiar lo que a
uno le gusta, sino lo que le conviene).
Aunque reconozco que la
dureza de la enseñanza y la ingratitud de trabajar en el ámbito de la educación
con todas las restricciones, recortes, vaivenes legislativos... me han hecho
tener alguna duda puntual, nunca, jamás, he pensado que me hubiera equivocado
al tomar la decisión de dedicarme al noble arte de enseñar y aprender.
Mi amor
por la pedagogía se sustenta en 3 razones:
1. Creo
firmemente que la educación es un arma de construcción masiva, que es la mejor
manera de hacer un mundo mejor. Sufro de optimismo educativo.
2.
La educación, a pesar de que muchos intenten impedirlo, es un ascensor
social. Sirve para compensar los desequilibrios sociales.
3.
Para finalizar, la razón más poderosa para seguir amando la educación
en estos tiempos de crisis es ver (provocar) la sonrisa de un niño
cuando disfruta aprendiendo y ver cómo cuando crece y te encuentras con
él al cabo de los años, tu trabajo ha merecido la pena. ¿Hay mayor
satisfacción?
Dicen
que "el simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo". Me da
fuerzas pensar que el trabajo de un educador (maestro, profesor,
pedagogo, orientador...) puede cambiar el mundo. De hecho estoy
convencido de que ya lo ha hecho en muchas ocasiones: dicen que hay
genios que fracasan en la escuela, pero seguro que encontraron a
alguien que, aunque fuera al margen de la institución, les animó a hacer
las cosas a su manera y dar con algo innovador, que ha hecho
nuestra vida un poco mejor.
3 comentarios:

Tu blog es una razón para seguir amando la educación. Por eso te he "concedido" el Liebster Blog Award, un premio simbólico a los blogs que más me gustan: http://queduquequeducuando.blogspot.com.es/2013/03/este-blog-cumple-un-ano-liebster-blog.htmlResponder
Me siento totalmente identificada con lo que expones, yo también he sido profesora por vocación y he hecho que la educación sea mi sistema de vida y de ello me siento orgullosa, a pesar de todas las influencias negativas que está recibiendo. Gracias Salvador por compartir esta idea profunda de tus sentimientos.Responder
miércoles, 20 de febrero de 2013
sábado, 16 de febrero de 2013
Aplicaciones educativas en entornos virtuales: Competencias comunicativas en un modelo semipresen...
Aplicaciones educativas en entornos virtuales: Competencias comunicativas en un modelo semipresen...: El pasado jueves 14 de febrero 2013 participé a través del sistema de multiconferencias de la UIB, Palmas de Mallorca, de las IV Jornadas ...
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Rosa Rodríguez Gascons, pedagoga